Publicado el 10/10/2025 por Administrador
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La ciudad de Marrakech se convirtió nuevamente en el epicentro de las movilizaciones juveniles que sacuden Marruecos. Miles de jóvenes de la llamada Generación Z retomaron las protestas esta semana, coincidiendo con el inicio del nuevo periodo legislativo, para exigir reformas profundas en materia de educación, empleo, salud y libertades públicas.
El movimiento, que había ganado fuerza durante el verano bajo el nombre de GenZ 212, volvió a emerger con fuerza tras el discurso de apertura del Parlamento. A través de redes sociales, los manifestantes convocaron marchas simultáneas en varias ciudades, entre ellas Casablanca, Rabat y Tánger, aunque Marrakech concentró las mayores multitudes.
Las consignas fueron claras: “Justicia social, transparencia y dignidad”. Con carteles, banderas nacionales y cánticos que mezclaban indignación y esperanza, los jóvenes denunciaron que el gobierno del primer ministro Aziz Akhannouch ha ignorado sus reclamos sobre el alto costo de vida, el desempleo juvenil y la crisis hospitalaria que afecta a miles de familias.
La chispa que encendió nuevamente las calles fue doble. Por un lado, la muerte de varias mujeres durante partos en un hospital público en Agadir, un caso que evidenció las deficiencias del sistema de salud. Por otro, la frustración generada por los grandes gastos del Estado en obras vinculadas al Mundial 2030, que muchos consideran un lujo en medio de la precariedad social.
Las marchas comenzaron pacíficamente, pero en algunos puntos se registraron enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, que respondieron con gases lacrimógenos para dispersar a los grupos más radicalizados. Organizaciones locales de derechos humanos denunciaron detenciones arbitrarias y el uso excesivo de la fuerza, mientras el Ministerio del Interior defendió la actuación policial alegando la necesidad de “mantener el orden público”.
Pese a los incidentes, la movilización mantuvo un tono predominantemente cívico. Los jóvenes insistieron en que su lucha no busca desafiar la monarquía, sino exigir que el gobierno rinda cuentas y escuche las demandas sociales. “Queremos un país justo, no un país de promesas incumplidas”, dijo una manifestante de 23 años que marchaba con un cartel que decía: “El futuro también es nuestro”.
Analistas políticos señalan que esta nueva oleada de protestas refleja un cambio generacional profundo. A diferencia de los movimientos anteriores, la Gen Z se organiza de manera descentralizada a través de plataformas digitales, sin líderes visibles y con un discurso más pragmático que ideológico. Su fuerza reside en la conexión digital y en la rapidez con la que moviliza a miles de personas en cuestión de horas.
El gobierno, por su parte, intenta proyectar calma. Akhannouch ha llamado al “diálogo responsable”, aunque evita mencionar reformas concretas. La Casa Real aún no se ha pronunciado oficialmente, pero se espera que el rey Mohamed VI aborde la situación en su próximo discurso ante el Parlamento.
Por ahora, Marruecos se encuentra en una encrucijada. Las protestas de la Generación Z revelan una juventud más consciente, organizada y determinada a exigir un cambio real. Marrakech, símbolo cultural e histórico del país, vuelve a ser escenario de un grito colectivo que resuena en todo el reino: el reclamo de una nueva generación que exige ser escuchada.